En el Campo de Gibraltar llevamos años conviviendo con una realidad que ya nadie puede negar: colas kilométricas casi a diario, accesos colapsados y una sensación permanente de abandono institucional.
Lo ocurrido con la borrasca Kristin, que ha dejado miles de camiones atrapados y la comarca prácticamente bloqueada, no ha hecho más que poner en evidencia un problema estructural que los ciudadanos y ciudadanas de esta comarca venimos sufriendo desde hace demasiado tiempo.
Una comarca clave para la economía
El Campo de Gibraltar es una de las zonas más estratégicas del sur de Europa desde el punto de vista industrial y logístico:
- Grandes industrias energéticas, metalúrgica y químicas.
- Uno de los principales puertos de mercancías de Europa.
- Miles de personas que cada día se desplazan a polígonos industriales, fábricas, refinería y empresas auxiliares.
- Un tejido empresarial en crecimiento, con miles de empresas ligadas directa o indirectamente a la actividad industrial y portuaria.
Somos una comarca que genera riqueza, pero que no recibe infraestructuras acordes a ese peso económico.
Colas diarias que ya se han normalizado
Lo que algunos siguen calificando como “retenciones puntuales” se ha convertido en una situación estructural:
- Atascos habituales en la A-7 y accesos a Algeciras.
- Colapsos en horas punta coincidiendo con entradas y salidas de turnos.
Estas colas no dependen solo del clima ni de conflictos laborales. Se producen con sol, con lluvia y con viento, porque las carreteras y accesos no están dimensionados para el volumen real de tráfico que soporta la comarca.
La borrasca Kristin: cuando todo salta por los aires
La borrasca Kristin ha sido el ejemplo más claro y reciente del problema:
- Decenas de intervenciones de emergencia en la comarca.
- Miles de camiones atrapados dentro y fuera del recinto portuario.
- Aparcamientos desbordados y accesos cerrados.
- Conductores y transportistas pasando horas, e incluso la noche, en sus vehículos.
No hablamos solo de incomodidad. Hablamos de seguridad, salud y dignidad.
Cuando un episodio meteorológico previsible provoca el colapso total del transporte y de los accesos, el problema no es la borrasca, es la falta de planificación y de infraestructuras.
Mucha actividad, pocas soluciones (aunque alguna empieza a verse)
Aquí está la gran contradicción del Campo de Gibraltar:
- El puerto aparece en rankings como uno de los más eficientes de Europa.
- El volumen de mercancías y la actividad logística no dejan de crecer.
- El tejido empresarial sigue ampliándose y consolidándose.
Pero también es justo decir toda la verdad. Hay actuaciones en marcha, como las obras del Acceso Sur a Algeciras, donde ya se están ejecutando trabajos de asfaltado y viaductos en la zona de Los Pastores. Una infraestructura largamente reivindicada que, cuando esté finalizada, puede aliviar parte del tráfico pesado y mejorar los accesos a la ciudad y al entorno portuario.
Ahora bien, dicho esto con claridad:
- Estas obras llegan tarde, tras años de colapsos.
- No solucionan por sí solas el conjunto del problema comarcal.
- Siguen faltando accesos alternativos y una planificación integral de movilidad.
La actividad económica avanza, pero las infraestructuras siguen yendo por detrás de la realidad.
Consecuencias para la ciudadanía
Esta situación tiene efectos muy concretos sobre los ciudadanos y ciudadanas de esta comarca:
- Desplazamientos diarios imprevisibles.
- Estrés constante y desgaste psicológico.
- Mayor riesgo de accidentes in itinere.
- Dificultades para conciliar vida laboral y personal.
- Normalización de una situación que no debería ser normal.
Y lo más grave: se ha asumido que vivir así es inevitable, cuando no lo es.
Reflexión final
El Campo de Gibraltar no puede seguir funcionando a base de parches y paciencia infinita.
No estamos ante un problema puntual, sino ante un abandono estructural de una comarca estratégica para Andalucía y para el conjunto del Estado.
Reconocer las obras que se están ejecutando no debilita la reivindicación; la refuerza, porque demuestra que cuando hay voluntad, las soluciones llegan.
Aquí no se piden privilegios.
Se exige planificación, inversión y respeto para una tierra que sostiene buena parte de la actividad industrial y logística del país.
Porque sin infraestructuras dignas no hay desarrollo equilibrado.
Y sin respeto a la ciudadanía, no hay futuro para el Campo de Gibraltar.



